El caballero del Bosque del Ocaso, Cenandar Lorenwood (Actualización 18/12/17)

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El caballero del Bosque del Ocaso, Cenandar Lorenwood (Actualización 18/12/17)

Mensaje por SFJT el Dom Dic 10, 2017 11:53 am

El corazón su arma es
Siempre fiel a él será
Ante la mas negra de las oscuridades
Él jamás temerá

- Eryn Shadewind -


Desde muy pequeño pude comprender la diferencia entre el bien y el mal. Es decir, estaba bien que jugara cerca del río próximo a Goldshire con Eryn, pero estaba mal que los abusivos del pueblo me golpearan por no querer participar en cosas como arruinar la cosecha de un amigo vecino o robarle la silla de montar a un campesino mientras duerme. Con cosas simples fui comprendiendo y aborreciendo al mal, pero no podía explicárselo a mi padre cuando me preguntaba:
"¿Qué es mal? ¿Qué es el bien? ¿Serías bueno si te enteraras de que no hay consecuencias por las maldades que puedas hacer?"

Siempre pensé que eran preguntas muy complicadas para un niño, y que si era bueno tarde o temprano habría una recompensa ¿Sabes? Era muy inocente en ese entonces y sólo pensaba en los regalos por ser un buen niño...
Cuando jugar a las escondidas se volvió aburrido, comenzaron a atraerme las ideas de ser un caballero del rey o un glorioso paladín a su servicio, es decir, ¿Quien es mas bueno y solidario que un leal súbdito del rey no?...
Supongo que mi vida empezó a tomar su curso desde ese día, el día en el que mientras jugaba con Eryn a ser un caballero, los vándalos abusivos vinieron y me dieron una golpiza tan fuerte que aún la puedo sentir si la recuerdo. Al terminar conmigo insultaron a Eryn, y me dejaron tirado en el suelo malherido y mirando aquel lugar que estaba cruzando el río. Recuerdo sentirme extraño al hacerlo, como si fuera mi hogar... Creí que tal vez era porque deseaba irme de Goldshire y no volver. Con ayuda de Eryn, al cabo de un rato, pude levantarme y me dirigí a casa para contarles a mis padres que deseaba irme de la villa en cuanto pudiera hacerlo. Les conté sobre mi extraña sensación al ver esas tierras cruzando el río, fue entonces cuando me sentaron y dijeron:
"Nos mudábamos de allí hijo, queríamos una vida mejor, lejos de los verdaderos males que acechaban esas tierras... Pero mientras íbamos cabalgando camino a Goldshire tu madre no pudo con el dolor y te tuvo en el camino, naciste en ese Bosque..."

Recuerdo que no podía entender muchas cosas de las que acababan decirme ¿Una mejor vida? La mía aquí no era buena salvo por Eryn y la comida ¿Verdaderos males? Aquí recibo palizas semanales, por favor... Pero lo que más me incomodaba era el hecho de que no me lo dijeron hasta ahora ¿Por qué? Les dije que tenía que volver y que debería conocer el lugar donde nací, pero me respondieron con "El Bosque del Ocaso no es un lugar para niños como tú, no eres del tipo de chicos que pelean o son osados. Estamos mejor aquí, esa tierra está maldita."
No me iba a rendir tan fácilmente, ya habían tomado una decisión y no había razón para que les discutiera. Así que los dejé y fui rápidamente a la casa de Eryn para contarle que cuando saliera el sol comenzaría a entrenarme y fortalecerme...

Los años pasaron, y definitivamente crecí y me volví más fuerte. Podía talar un árbol con menos de diez golpes, y también podía cortar la madera para la chimenea de un solo corte en limpio. Eryn se volvió fuerte en el camino de la luz, podía curar animales en los establos e incluso matar alimañas con magia...Al enterarse de las habilidades que poseía, a pesar de su temprana edad, fue enviada a buscar por los sacerdotes y paladines de Stormwind para continuar con su entrenamiento ¿Pueden creerlo? ¡Stormwind! La acompañé esperando poder unirme también a ella, pero para ser paladín y no sacerdote, ¡Qué iluso fui! Me rechazaron rotundamente... Recuerdo su rostro al escuchar la respuesta que me dieron, se veía triste pero le dije que se animara pues lo que le estaba sucediendo era algo hermoso. También le comenté que iría a Nortshire para ver si allí podían entrenarme pues estaba decidido a ser un Caballero o Paladín. Aunque ya no fuera en servicio del rey, al menos no directamente. En Nortshire me recibieron y entrenaron, visitaba a mi familia los fines de semana y podía ver a Eryn cada tres meses, aunque tenía que ir a Stormwind para eso.

Cuando me nombraron escudero, mis padres rebosaron de alegría y me regalaron un caballo ¡Era hermoso! Le puse Loren por mi apellido, Lorenwood. La alegría duró poco pues mis padres fallecieron al poco tiempo de causas naturales con unos pocos meses de separación... Tras enterrarlos y el luto correspondiente, decidí que Goldshire ya no tenía nada para mí. Mis padres ya no estaban, Eryn vivía en Stormwind y yo vivía en Nortshire. Por lo que todos los bienes que heredé los vendí y me compré mi primer espada, la mejor espada que el dinero que tenía podía pagar. En ella hice esculpir los nombres de mis padres por un artesano, y até en su mango el collar de mi madre y una muñequera que mi padre amaba, así los llevaría conmigo a todos lados... No mucho después decidí abandonar Nortshire sin terminar mi entrenamiento, y conocer el Bosque donde nací. Al decirle a Eryn de mis planes, ella me comentó que su entrenamiento debía continuar pero a través de la sabiduría, leyendo libros, pergaminos y esas cosas. Me dijo que si la ayudaba a transcribir los que necesitaba, solo tendría que venir a buscar y transcribir más cada cierto tiempo... Le ayudé, y con gusto me acompañó a las tierras donde nací. Allí vimos mucha tristeza, hambre, criaturas malévolas y penumbra en sus habitantes. Decidí ayudar la tierra que me vio nacer, la tierra donde mis padres vivieron toda su vida y la tierra donde al fin pude responder las preguntas que mi padre siempre me hacía "¿Que es el mal? ¿Que es el bien? ¿Serías bueno si te enteraras de que no hay consecuencias por las maldades que puedas hacer?... La respuesta era evidente ahora, la pude ver con claridad al fin... "La libertad de uno acaba cuando comienza la del otro. El mal es cualquier acto que atente contra el libre albedrío y la voluntad de alguien. El bien es la capacidad de superar el mal, y de transmitir paz a los corazones de las personas... Y la respuesta a la última pregunta es: Sería bueno de todos modos, porque si no existen consecuencias para la oscuridad y sus males, alguien debe velar por las víctimas que sufran por ella..."

No tardamos mucho en instalarnos y hacernos notar entre los habitantes de la zona, ayudamos a reconstruir graneros, ahuyentar lobos, arañas y saqueadores; y a proteger caravanas para que el comercio vuelva a la zona, entre otras cosas. Pronto, y sin querer que así fuera, la gente comenzó a llamarme "El Caballero del Bosque del Ocaso". Yo sabía que no lo era ya que a fin de cuentas sólo llegué a ser Escudero, pero ¿Que define a un caballero? ¿Un juramento? ¿O la nobleza del desinterés y ayuda al prójimo? Pronto, con las recompensas que recibía sin esperarlas, y con la ayuda de la gente y de un buen herrero de Raven Hill pude hacer construir la armadura que soñé de niño.

No soy un Caballero nombrado por la nobleza o el rey, no soy un paladín glorioso, tampoco un poderoso mago o fuerte guerrero. Aprendí lo que sé en combate siendo escudero y con experiencia en el Bosque del Ocaso, aprendí lo que sé de la Luz transcribiendo libros con Eryn, pero lo más importante: Aprendí que no se necesita un título, poder, o riqueza para hacer el bien. Aprendí que reparar el techo de un aldeano antes de las lluvias, regalar una moneda a un niño, o proteger a los desventurados inocentes, apremia, con su agradecimiento o simpatía, más que cualquier reconocimiento de una corona, de unos abusivos o incluso que la riqueza.



"No sé que aguarda mi destino, pero estoy listo para él."

Me encontraba en una taberna que reabrió en Raven Hill tras brindarles una mano con la reconstrucción. Fue entonces cuando recibí el rumor de que una academia había abierto en Gilneas, en ella podría entrenarse todo aquel que esté a la altura de sus exigencias. Fue difícil, aún más lo fue hablarlo con Eryn, dejar el Bosque del Ocaso cuando aún necesita tanta ayuda. Sigue siendo un lugar hostil cuando menos, pero si quería defenderlo adecuadamente y estar preparado para amenazas futuras, debería recibir un entrenamiento adecuado. Fue así como tras convencer a Eryn, diciéndole que le conseguiría un carruaje cada mes para volver a Ventormenta (para que así pueda seguir con la transcripción de manuscritos y el estudio), y decirle que ella también podría entrar en la academia para expandir sus conocimientos; decidimos gastar las monedas que nos quedaban y viajar hacia Gilneas.

Al llegar nos topamos con un clima similar al del Bosque, un tanto menos húmedo y neblinoso, pero aún así era de un parecido notable. El primer día me topé con dos personas frente a la catedral, un hombre de dorada armadura llamado Samuel, y una apacible mujer que respondía al nombre de Sakura. Ellos reclutaban para la academia así que me inscribí sin pensarlo dos veces. Luego me toparía con un huargen de nombre Steven Ragefist, quien me sonaba familiar y con quien luego tomaría una cerveza, y una Quel’dorei llamada Talrin, que desapareció sin más ese día. Más tarde esa noche se tornó lluviosa en extremo, y terminé durmiendo en la parte cubierta del frente de la catedral. Al cabo de unos días un elfo llamado Quelen nos llevó a los cuatro, ya que Eryn se nos uniría, a recorrer la academia... Todo iba de maravilla, recorrimos el enorme lugar, nos enseñaron nuestras habitaciones, y terminé el paseo con recibir una golpiza en los combates de práctica que libré contra Steven y Talrin. Perdí todos las peleas ese día, pero al menos Eryn venció a la elfa de manera impecable, no recibió ni un sólo golpe y la ganó de forma justa con su dominio de la magia. El día fue agradable hasta que mi boca y un tema delicado se juntaron, casi costando a todos una expulsión. Tuvimos una audiencia con Namera, una fría, seria e intimidante elfa. Ella nos ordenó dedicarnos a tareas de estudiantes y no preocuparse por una tal "Sombra", que indirectamente fue el tema central de la discusión que escaló a mayores...

Los días pasaron, y durante muchas horas entrené duro para no volver a pasar la vergüenza que pasé en los combates de práctica aquel día en la academia. Pero al terminar de ejercitarme me sentía solitario (pues Eryn había vuelto a Ventormenta a transcribir como todos los meses), librar esa discusión me había hecho pelear con las únicas personas que en realidad conocía en la ciudad. Finalmente decidí entrar a una taberna para ahogar un poco la soledad con cerveza, fue cuando dentro de ella me encontré con Talrin y Ragefist. A pesar de lo incómodo de la situación, decidí tragar mi orgullo y pedir disculpas. Tras haber hecho las pases (o eso creo yo), la Quel'Dorei nos pidió que le acompañásemos a lidiar con unos bandidos de malamuerte. Nuestra simple tarea acabó por complicarse cuando nos vimos rodeados por una confusa niebla y una voz misteriosa que nos retaba. Mi yelmo se daño por la corrosión de algo que me arrojaron en el rostro, y la confusión que ocasionaba la niebla hizo que Steven disparara a Talrin en el hombro. Cansado de participar en el juego de las tinieblas, entre otras plegarias, rogué por el amparo de la luz y su guía. Esto terminó imbuyendo mi arma y manos de luz. Cuando noté lo que sucedía, y como por un acto de reflejo, levanté el arma sobre mi cabeza invocando a la Luz. Luego de esto, un destello de luz emanó de mí, disipando la neblina y permitiéndonos ver a nuestro atacante... Era la primera vez que utilizaba la luz y fue genial, pero también se sintió genial no ser el torpe o débil frente a mis compañeros, al menos no de nuevo. Pero nuestra escaramuza no terminaría allí, pues por todas las heridas que me provocó la escurridiza gnoma, apenas podía moverme. Por lo que, ahora un poco más confiado, volví a pedir la protección de la luz. Tras volver a iluminar mis manos de un intenso blanco y dorado, logré sanar parte de mis heridas... Pero algo andaba mal, una fatiga colosal invadió mi cuerpo. Esto hizo que caiga sobre mis rodillas, apoyado en mi espada... No podía mantenerme en pie... Al ver que estábamos exhaustos y heridos, unos asesinos salieron de entre las sombras y exigieron llevarse a la gnoma y tomarme a mi como prisionero, ya que notaron lo débil que me encontraba. Pero Talrin y Ragefist no me entregaron, a pesar de las discordias pasadas que habiamos vivido, sólo les otorgaron a la gnoma... Cuando nuestros oponentes se marcharon caí por la extenuación al suelo, obligando a Steve a cargarme hasta el pueblo.

Sin lugar a dudas estoy ansioso por seguir mis estudios en el camino de la luz y aprender a usar este poder para el bien y la protección del débil. Desde niño soñaba con ser paladín algún día, y esta vez, de verdad lo creía posible...

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