Garret Richards

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Garret Richards

Mensaje por SFJT el Mar Dic 19, 2017 5:02 am

Garret F. Richards en Gnomeregan

En algún lugar de Dun Morogh…



-Papi papi –me dijo Amelia.
-¿Qué sucede hijita? –le respondí sin dejar de fumar mi pipa.
-¿Por qué casi todos los adultos de aquí montan en cabras? –me preguntó.
-Porqué es un lugar muy frío Meli. Las cabras están acostumbradas a este sitio, ¡además son muy abrigadas! –exclamé apretándole una mejilla, eran regordetas y la volvían una personita verdaderamente adorable.
-¿Y por qué no tienen caballos? ¡Son más lindos! –dijo mientras se dibujaba una expresión de tristeza en su cara.
-¿Qué sucede cielo? –le pregunté acariciándole el cabello.
-Si vivimos aquí, ¿Significa que yo tendré una cabra también? –Era muy perspicaz para su temprana edad -. ¿No tendré un caballo entonces?
-Ahora explícale a tu hija por qué no tendrá un caballo por vivir en una zona fría. –su madre siempre estaba atenta cuando de reproches se trataba.
-Mira Meli –dije mientras la levantaba y sentaba sobre mi regazo -. Si te compro un caballo cuando llegues a la edad, el pobrecito sufrirá mucho aquí en el frío… Pero prometo comprarte la cabra más bonita que encuentre,  aunque sea la más cara. Ahora ve a jugar con los juguetes que te hice, todavía eres muy joven para pensar en cabras o caballos que montar.
-Está bien papi –dijo un poco cabizbaja mientras se bajaba de mi falda y se marchaba a su habitación.
-A veces pienso que quieres que nuestra hija me odie –le susurré en el oído a Lorraine mientras le abrazaba por atrás.
-Vas a hacer que estropee toda la comida –dijo sin voltear a verme -. Sabes que no es eso. Pero me gustaría vivir en otro lugar, no me gusta el frío y menos las cabras –me sonrió levemente.
-Si lo sé… A mí tampoco me agrada congelarme aquí, pero necesito estar cerca de Gnomeregan para seguir aprendiendo de su tecnología y química –odiaba cada vez que tenía que ser el malo.
-Te entiendo amor, espero que valga la pena entonces. Ya te mencioné como es el vestido que quiero para la premiación anual al mejor inventor, sé que ganaras esta vez…

A pesar del frío éramos felices, nuestros peores días tenían charlas parecidas a la de ese día. Lo que vendría luego cambiaría la vida de mi familia, pues Amelia contrajo una extraña enfermedad congénita de mi familia. Nunca pudimos saber por qué la padecíamos, ni cuando aparecería, así como tampoco sabíamos que tan rápido nos mataría… Hubiera dado lo que sea por contraerla en su lugar, pero la fortuna eligió sonreírme a mí y darle la espalda a Meli. Durante días la tuvimos en cama, llevándole alimentos y juguetes para animarla. Era una pequeña fuerte e inteligente, pudo luchar contra la enfermedad lo suficiente para ver las famosas Auroras de verano de Dun Morogh…

-Papi –dijo con esfuerzo luego de tocer.
- ¿Si hija? –le pregunté sosteniendo su manita y mirándola con atención. Tenía frente a mí un maravilloso fenómeno natural, pero lo único que quería hacer era contemplarla.
-Sé que no podré tener un caballo, pero al menos ya sé cómo me hubiera gustado ponerle. –dijo apretando mi mano mientras me miraba a los ojos.
-¿Qué dices? Te mejorarás, papi encontrará una cura, te lo prometo. –le dije mientras me arrodillaba para acariciarle el cabello, mucho de él se le había caído para entonces. No sólo había perdido parte de su cabellera, también perdió esas mejillas regordetas por causa de la bajada de peso. Pero aún sin sus rojas y pecosas mejillas, o su larga cabellera, seguía siendo la niña más hermosa que he visto.
-Aurora… -dijo ignorando lo que dije-. Me hubiera encantado tener a mi Aurora para cepillarla y correr con ella por la nieve. –lentamente su mano fue apretando con menos fuerza la mía.
-¡Amelia! –grité intentando despertarla, pero fue en vano.


Lorraine lloró por largas noches, acompañando mi insomnio. La habíamos perdido… Se fue frente a mí mientras observaba como la vida se le escapaba, como la abandonaba la luz que en sus ojos alguna vez supo brillar. Todo porque no pude hallar una cura a tiempo,  todo porque no fui lo suficientemente ingenioso… Después de unas semanas, finalmente decidimos abandonar Dun Morogh. Dejarlo atrás junto con una gran porción de nuestras vidas. Desde su nacimiento nuestra hija fue la luz de nuestras vidas, alegró nuestros días,  y alejó de nuestras mentes todos los males que alguna vez nos agobiaron.
Decidimos construir una choza alejada en Stormheim. Allí ya no sufriríamos por el frío, así como también me serviría para hallar una planta medicinal en la zona, que ayudaría en mi estudio para encontrar la cura a la enfermedad que afligía a mi familia. Además, en algún futuro, podría utilizar las numerosas tormentas eléctricas como alimentación para uno o varios generadores de energía.
Costaron meses de adaptación para poder permitirnos vivir medianamente felices allí, no sólo éramos considerados como locos por los locales por mis experimentos, sino que también la falta de Amelia en nuestras vidas era muy notoria. Sin embargo logramos establecernos, y yo me encontraba cerca de hallar una cura. Pero cuando todo pintaba bien para nosotros,  la desgracia nos aguardaba impaciente.



En algún lugar de Stormheim…




-Amor, tráeme por favor los cerillos. Necesito encender el mechero –le dije mientras media cuidadosamente los químicos.
-Aquí están “científico loco” –dijo mientras me los entregaba, le respondí con una sonrisa y un beso.
-Gracias “mi reina” –así le gustaba que le dijera.

Tan pronto como recibí los cerillos y encendí el mechero, un estruendo quebrantó el silencio y un temblor  sacudió la mesa. Por causa del temblor, el mechero cayó sobre una muestra de prueba que tenía al lado. Esto desató una reacción química, al hacer contacto con las llamas, que acabaría explotando y dañando seriamente mi ojo derecho. Cuando Lorraine vió esto, vino corriendo lo más rápido que pudo para socorrerme. Antes de llegar a mi lado,  un pedazo de la aeronave que se estrelló en Stormheim cayó sobre nuestra casa, reduciéndola a escombros y llamas… Me esforcé por superar el ardor que sentía lo más rápido posible, pero cuando finalmente pude hacerlo y abrir el ojo, noté que ya casi no veía nada con él. Intenté levantarme y abrirme espacio entre los escombros, combatiendo contra el humo entre tos y llanto para ver a mi esposa. Cuando finalmente la encontré, pude ver que estaba bajo un gran pedazo de madera que le aplastaba las piernas.

-Garret, ayúdame porfavor –dijo entre lágrimas. Lentamente fui acercándome a ella, la densidad de las llamas era insoportable.
-No dejes de hablarme Lorraine, sigue conmigo –grité desesperado, no podía perderla.
-¡Amor por favor! –Gritó con desesperación, luego de ello escuche unos bramidos que recordaría el resto de mi vida.
-¡Corre Garret, huye de aquí! –dijo justo antes de que dos deformes criaturas se abalanzaran contra ella… comiéndola.
-¡No! –tomé un pedazo de madera caliente e intenté golpear a una de ellas, pero uno de los contenedores de gas  que guardaba en la casa explotó por el calor, despidiéndome por los aires.
-¿Lorraine? –dije aturdido y atontado mirando a mi alrededor. Me di cuenta de inmediato que estaba rodeado por esas criaturas, muchas más de ellas habían aparecido-. ¡Lorraine! Respóndeme…


No me había dado cuenta por la adrenalina que sentí en ese momento, pero había perdido mi mano con la explosión. Ignorando la mutilación, y en un último esfuerzo por encontrar a Lorraine, me adentré en los escombros de nuevo. Y allí fue cuando la vi… era inconfundible para mí, ella se había convertido en una de esas criaturas, y avanzaba hacia mí.

-¿Lorraine? Soy yo, tu “científico loco”, Garret –le dije mientras se acercaba amenazante, y lentamente a mí, al mismo tiempo que emitía bramidos y rugidos-. Mi reina, ¿No me reconoces? Soy tu esposo, tuvimos una hija, Amelia.

No sé si fue una simple casualidad, o porque mencione el nombre de nuestra hija, pero cargó contra mí tras decir esas palabras y logró morderme en el antebrazo del brazo que tenía mutilado. Tras ello, otro sifón de gas explotó dejando libre una ruta de escape, quité a Lorraine de encima de mí y me levanté rápidamente para correr en dirección al pueblo Vrykul más cercano. ¿Por qué se convirtió en uno de ellos? ¿Fue por las mordeduras? ¿Funciona como el veneno la mutación? Si así era debería amputarme el brazo para evitar tal destino, por lo que corrí a toda velocidad cuesta bajo hasta llegar al asentamiento. Allí entré sin más, esquivando guardias y evitando dar explicaciones, y me dirigí a la herrería. Una vez ahí, tomé la guillotina que usaban para acortar el tamaño de las flechas y me amputé el brazo. A continuación fui tratado por los del pueblo, que me llamaban por el apodo de “Loco”, y caí en un sueño profundo que duró semanas… Para mi sorpresa no me había convertido en uno de ellos, y los Vrykul no me mataron por mi osadía al entrar a su ciudad. Pasé unos cuantos días más encerrado reconstruyendo mi brazo, pero esta vez mecánico. Luego de ello juré encontrar una cura para la mutación, y exterminar a cuanto mutado me alejara de mi misión. No perdería a un ser amado de nuevo, no perdería a Lorraine. La recuperaré.


Garret F. Richards refaccionado con brazo mecánico luego de ser tratado por curadores Vrykul.

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